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Había una vez una niña que no tenía nombre. Nadie le había puesto uno, y por eso todos la llamaban de cualquier forma: "¡Oye tú!", "niña", o simplemente no la llamaban. Ella caminaba por el mundo sintiéndose invisible. Veía cómo los demás niños tenían nombres que los hacían especiales: Valiente, Sabia, Alegre, Libre, y se preguntaba por qué ella no tenía uno. Un día, decidió salir a buscar su nombre. Recorrió montañas, cruzó ríos, habló con árboles y animales. A cada uno le preguntaba: — ¿Sabes cómo me llamo? Pero nadie sabía. Hasta que un anciano sabio le dijo: — Tu nombre no está afuera. Está en lo que haces, en lo que piensas, en lo que sientes. Solo tú puedes descubrirlo. La niña se detuvo, cerró los ojos y pensó en lo que más le gustaba hacer: cantar, ayudar a los demás, reír, imaginar historias, correr libre por los campos. Entonces, lo sintió: su nombre era Esperanza. Desde ese día, nadie más la llamó “¡oye tú!”. Ella caminaba con la cabeza en alto y decía c...